
Historia y Desarrollo del Tarot Iniciático:
Tarot como Vía Iniciática
El Tarot Iniciático se refiere al estudio y uso del tarot como un camino de desarrollo espiritual o vía de iniciación, más allá de la mera adivinación. Desde el siglo XVIII, diversos ocultistas han sostenido que los 78 naipes del tarot constituyen un «libro sin encuadernar» que transmite enseñanzas esotéricas veladas. En este enfoque, los 22 arcanos mayores en particular se interpretan como etapas arquetípicas de un viaje del alma (a menudo llamado «El viaje del Loco«), análogo a los procesos iniciáticos presentes en las antiguas escuelas mistericas. A lo largo de la historia, numerosos autores y sociedades esotéricas han contribuido a esta visión del tarot, integrándolo con sistemas simbólicos como la Cábala, el Hermetismo, la Alquimia, el Rosacrucismo y la Masonería. En tiempos recientes, también se han publicado estudios académicos que analizan críticamente el fenómeno del tarot esotérico y su relevancia cultural contemporánea.
Orígenes Históricos: De Juego a Símbolo Esotérico
Los naipes del tarot surgieron en la Europa del siglo XV como un juego de cartas, pero su reinterpretación esotérica comenzó en el siglo XVIII. Un hito importante fue el ensayo publicado en 1781 por Antoine Court de Gébelin, un clérigo protestante y francmasón, en el volumen VIII de Le Monde Primitif. Court de Gébelin afirmó – sin evidencia histórica sólida – que el tarot era en realidad un antiguo libro egipcio de sabiduría atribuido al dios Thot. En ese ensayo, por primera vez se propuso correlacionar las cartas del tarot con las 22 letras del alfabeto hebreo, insinuando un vínculo con la Cábala judía. Poco después, el ocultista Jean-Baptiste Alliette (conocido como Etteilla) publicó entre 1783 y 1785 la Manera de recrearse con el juego de naipes llamado tarot. Etteilla desarrolló barajas y métodos adivinatorios, proclamando que el tarot derivaba del legendario Libro de Thot. Aunque sus barajas alteraban el orden tradicional e incorporaban significados astrológicos, establecieron muchas de las interpretaciones de cartas que perduran hasta hoy.
Estas tempranas teorías ocultistas, por muy especulativas que fuesen, encendieron la imaginación de Europa. Para mediados del siglo XIX, la idea de que el tarot contenía alegorías de un antiguo conocimiento iniciático se había popularizado en círculos esotéricos. En consecuencia, el tarot comenzó a ser visto como un depositario de símbolos universales en el que podía leerse como enseñanzas espirituales encubiertas bajo la apariencia de un juego. Así, el terreno estaba preparado para que ocultistas posteriores incorporaran el tarot en sistemas místicos más amplios.
Éliphas Lévi y la Síntesis Ocultista del Siglo XIX
El esoterista francés Éliphas Lévi (Alphonse Louis Constant) fue una figura clave en dar al tarot su estatus de herramienta iniciática. En su influyente obra Dogme et Rituel de la Haute Magie (1854-56), Lévi proclamó que el tarot era la clave de todos los misterios y lo integró en una elaborada síntesis de cábala, magia y hermetismo. Fue Lévi quien popularizó la correspondencia entre los 22 arcanos mayores y las 22 letras hebreas, situando las cartas del tarot sobre el Árbol de la Vida cabalístico. Esta innovación vinculó el tarot con la Cábala cristiana renacentista (particularmente con el sistema de Athanasius Kircher) y ofreció a los ocultistas una estructura coherente para interpretar los arcanos mayores en un contexto iniciático (Tarot Heritage).
Lévi atribuyó al tarot un origen antiquísimo y un significado universal. En La Clef des Grands Mystères (1861) llegó a decir que «un prisionero privado de libros, con solo un tarot que supiera usar, podría en pocos años adquirir una ciencia universal». Esta famosa cita resalta la convicción de Lévi de que el tarot contiene simbólicamente todas las doctrinas esotéricas esenciales. De hecho, Lévi consideraba el tarot como un alfabeto simbólico capaz de expresar la «filosofía secreta» perenne de la humanidad. Sus escritos describen cada arcano mayor en términos alegóricos (por ejemplo, relacionó el Arcano VII, El Carro, con visiones místicas de Ezequiel o triunfos legendarios). También asoció los cuatro palos de los arcanos menores (bastos, copas, espadas y oros) con los cuatro elementos y las cuatro letras del Nombre divino יהוה (YHVH), integrando así el tarot con símbolos herméticos y cabalísticos.

La influencia de Lévi fue profunda. Inspiró a la Escuela Ocultista Francesa de fines del siglo XIX, incluyendo a figuras como Papus y Stanislas de Guaita, e incluso cruzó el Canal de la Mancha: sus ideas fueron adoptadas (con algunas modificaciones) por la Hermetic Order of the Golden Dawn en Inglaterra. En resumen, Lévi estableció el paradigma del «tarot ocultista»: un tarot estudiado como compendio de enseñanzas esotéricas (cabalísticas, astrológicas, mágicas y alquímicas) destinado a la meditación y la iniciación, más que a la simple cartomancia.
Papus y el Tarot como Clave Iniciática Absoluta

El médico y ocultista Gérard Encausse, conocido como Papus (1865-1916), fue un discípulo intelectual de Lévi que llevó la síntesis esotérica del tarot aún más lejos. En su libro Le Tarot des Bohémiens (1889), «Clave absoluta de las ciencias ocultas», Papus presenta el tarot como la síntesis suprema de todo saber esotérico. Siguiendo la estela de Lévi, Papus vinculó cada arcano mayor con senderos cabalísticos, letras hebreas, astrología y numerología, convencido de que había descubierto en el tarot una llave maestra de la iniciación.
Papus se inspiró en teorías cabalísticas renacentistas (como las de Guillaume Postel) y en las enseñanzas de Lévi. En particular, creía que la estructura cuaternaria del Tetragrámaton hebreo (Yod-He-Vav-He, el nombre de Dios) ofrecía la clave para descifrar el tarot. Interpretó las 22 cartas mayores como combinaciones de las fuerzas representadas por esas cuatro letras divinas, uniendo así tarot y Cábala de manera intrincada. En su análisis, Papus relacionó las cuatro letras sagradas con las figuras de la corte (Rey, Reina, Caballero, Sota) y las divisiones masculino/femenino, activo/pasivo, etc., intentando alinear el tarot con la cosmología cabalística.
En el prefacio de Le Tarot des Bohémiens, Papus afirmaba que el mazo de tarot, transmitido por los gitanos (de ahí «de los Bohémiens»), es «el libro primitivo de la antigua iniciación». Su enfoque era marcadamente iniciático: para Papus el tarot no era principalmente un oráculo, sino un manual simbólico de los misterios que el iniciado debe recorrer.
Papus construyó, apoyándose en la obra de Lévi, uno de los primeros estudios de envergadura del tarot como vía de iniciación esotérica más que como simple cartomancia. Este libro tuvo amplio impacto en la Francia de la Belle Époque y consolidó la reputación del tarot dentro del ocultismo occidental. Asimismo, Papus difundió el estudio iniciático del tarot a través de la Orden Martinista (que él cofundó) y de la revista L’Initiation. Gracias a él, términos como arcana (arcanos) y el enfoque iniciático del tarot se volvieron comunes en la literatura esotérica europea.
Oswald Wirth y la Tradición Masónica-Hermética
Otro nombre fundamental es el del suizo Oswald Wirth (1860-1943), quien unió la tradición del tarot iniciático con el simbolismo masónico y hermético. Discípulo del ocultista Stanislas de Guaita, Wirth rediseñó en 1889 un mazo de los 22 arcanos mayores bajo la guía de su mentor, incorporando en las cartas símbolos explícitos de astrología, alquimia y francmasonería para «restaurar» su significado esotérico original. Más adelante Wirth explicaría sus ideas en la obra Le Tarot des Imagiers du Moyen Âge (1927), traducida al español como El Tarot de los Imagineros de la Edad Media. En este libro, Wirth interpreta cada arcano en clave alegórica medieval y esotérica, conectándolos con la filosofía hermética, las enseñanzas masónicas y la leyenda rosacruz. Por ejemplo, Wirth veía el tarot como heredero de la «filosofía secreta de los sabios de la Antigüedad», deliberadamente escondida bajo la apariencia inofensiva de un juego de naipes. Así, coincidía con Lévi y Papus en que el tarot era un receptáculo intencional de misterios antiguos, protegido de profanos al pasar inadvertido como divertimento.
Wirth, él mismo masón, destacó los paralelismos entre el tarot y la Masonería. Tanto el tarot como los rituales masónicos –argumentaba– comparten símbolos universales (como el Templo, la Estrella Flamígera, la búsqueda de la luz) y provienen de un sustrato común de mitos y arquetipos.

De hecho, Wirth llegó a publicar manuales masónicos donde relacionaba grados iniciáticos con arcanos del tarot. En su tarot, combinó imágenes y emblemas de distintas corrientes: alquimia, masonería, rosacrucismo, astrología e incluso iconografía egipcia y caldea. Por ello, Tarot of the Magicians (título de una edición inglesa de sus escritos) señala que Wirth «combina la imaginería y simbolismo de la Alquimia, la Masonería, el Rosacrucismo y la herencia mágica de Egipto y Caldea» en los arcanos. Su objetivo era dotar a los arcanos mayores de toda la riqueza simbólica necesaria para servir de soporte a la meditación del iniciado.
Con Wirth culmina la formulación clásica del tarot iniciático en la tradición ocultista francófona: sus 22 arcanos re-dibujados influyeron en muchas barajas posteriores y sus interpretaciones hermético-masónicas cimentaron el uso del tarot como herramienta de contemplación simbólica en logias y sociedades esotéricas europeas en el siglo XX.
Vínculos con Rosacrucismo, Hermetismo, Cábala y Alquimia

Desde sus inicios, el Tarot Iniciático se ha entrelazado con otras corrientes del esoterismo occidental. En primer lugar, la Cabala (Cábala hebrea reinterpretada por cristianos) ha proporcionado un andamiaje central: la idea de que los 22 triunfos del tarot corresponden a las 22 letras hebreas proviene de Court de Gébelin y Lévi, y ha sido adoptada por la mayoría de los ocultistas subsecuentes. Así, sistemas cabalísticos como el Árbol de la Vida se han usado para organizar los arcanos en un esquema iniciático: por ejemplo, Papus y los cabalistas de la Golden Dawn asignan cada arcano mayor a un sendero del Árbol de la Vida, de modo que recorrer los arcanos equivale a ascender espiritualmente por esas sendas. Este enfoque conecta el tarot con el concepto cabalístico de revelar las etapas del retorno del alma a la divinidad.
El Hermetismo renacentista también dejó su huella en las interpretaciones del tarot. Muchos ocultistas evocaron la leyenda de Hermes Trismegisto como autor del «libro de Thot» egipcio, equiparando al tarot con textos herméticos antiguos.
Si bien históricamente esta conexión es imaginaria, sirvió para dotar al tarot de una aureola de sabiduría perenne. En el siglo XIX, diversos mazos “egipcios” –como las cartas diseñadas por M. O. Wegener según las descripciones de Paul Christian (1870)– incorporaron dioses y símbolos herméticos, reflejando la obsesión de la época con Egipto y Hermes. Autores rosacruces como François‐Charles Barlet o Joséphin Péladan también valoraron el tarot como compendio hermético, viéndolo en continuidad con los emblemas de la alquimia y la astrología.
La corriente Rosacruz, ligada a la masonería esotérica del siglo XIX, acogió al tarot en su cosmología. Por ejemplo, en el grado 18º Rosacruz del Rito Escocés Antiguo y Aceptado (masonería), se enfatiza la búsqueda de la Verdad oculta en símbolos, un ethos compatible con la exploración del tarot. Papus y Wirth, este último siendo masón, colocaron el tetragrámaton (YHVH) y otros signos rosacruces dentro de sus interpretaciones del tarot. Papus incluso señaló que el Nombre Sagrado figuraba en el centro del triángulo radiante del grado 33º masónico, vinculando así la máxima iniciación masona con la clave cabalística del tarot. Esta interconexión de símbolos permitió que ciertas logias y órdenes herméticas adoptaran el tarot como parte de sus enseñanzas: es notorio el caso de la Orden Kabalística de la Rosa-Cruz en París (fundada en 1888), donde Papus daba conferencias sobre tarot, o la propia Golden Dawn en Londres, que incluyó el tarot en las instrucciones de sus grados practicando recorridos meditativos conocidos como pathworking sobre las imágenes de los arcanos.
La Alquimia, con su proceso de transmutación interna, ha sido igualmente asociada al tarot iniciático. Lévi consideraba al tarot «sobre todo, alquímico» en cuanto sus símbolos provocan en el alma una quintaesencia espiritual. Algunos estudiosos han comparado el recorrido de los arcanos mayores con las etapas de la Opus Magnum (Gran Obra Alquímica) del Nigredo, Albedo, Citrinitas, Rubedo, interpretando cartas como La Muerte o El Sol en términos de putrefacción y purificación. Oswald Wirth integró símbolos de azufre, mercurio y sal en sus cartas para señalar esta dimensión. En el siglo XX, el ocultista Arthur E. Waite –miembro de la Golden Dawn– describió el tarot como «una alegoría alquímica» y Aleister Crowley (creador del Tarot de Thoth) incorporó abiertamente conceptos alquímicos y cabalísticos en su baraja, reforzando la idea del tarot como código de la Gran Obra.

Sincretismos aplicados al tarot iniciático
En suma, el Tarot Iniciático se nutre de un sistema simbólico sincrético. Cada carta es un crisol donde confluyen elementos del simbolismo místico occidental: las letras hebreas y esferas cabalísticas, las deidades y principios herméticos, las alegorías morales medievales, las herramientas y etapas alquímicas, e incluso motivos mitológicos universales. Esto ha permitido que practicantes de distintas escuelas –rosacruces, herméticas, cabalistas, masones, teósofos– encuentren en el tarot un lenguaje común para articular sus enseñanzas y ritos de iniciación.
Desarrollo en el Siglo XX: Tradición Ocultista Contemporánea
El tarot iniciático a principios del siglo XX

A lo largo del siglo XX, el Tarot Iniciático continuó evolucionando tanto en la praxis esotérica como en la investigación histórica y antropológica. En el ámbito ocultista, la influencia de la Golden Dawn fue decisiva. Sus miembros produjeron barajas con amplia carga simbólica: el Tarot Rider-Waite-Smith (1910), ideado por A. E. Waite e ilustrado por Pamela Colman Smith, y el Tarot de Thoth (publicado póstumamente en 1969) de Aleister Crowley y Lady Frieda Harris, son dos ejemplos. Waite —quien también era francmasón— publicó The Pictorial Key to the Tarot (1910), texto que interpreta cada arcano desde una perspectiva místico-cristiana y cabalística, enfatizando su uso intuitivo más que predictivo. Crowley, por su parte, en The Book of Thoth (1944) presentó el tarot como «libro de sabiduría» del Egipto místico y manual de magia, entretejiéndolo con su sistema Thelémico. Organizaciones derivadas de la Golden Dawn, como la Stella Matutina o la Builders of the Adytum (B.O.T.A.) de Paul Foster Case, también usaron el tarot como parte de sus currículos iniciáticos. De hecho, Paul Foster Case afirmaba en 1920 que desde hace cinco siglos el tarot ha preservado los elementos de una doctrina secreta, siendo un alfabeto simbólico de la antigua sabiduría, y lo ligaba explícitamente con la tradición de los Rosacruces y Masones.
En paralelo, surgieron lecturas psicológicas del tarot, especialmente bajo la influencia de Carl G. Jung y su escuela. Jung mencionó el tarot como representación de «arquetipos del inconsciente colectivo», y sus seguidores (como Sallie Nichols, 1980) exploraron el uso del tarot en psicoterapia y desarrollo personal, reconociendo en el viaje del Loco un mapa de individuación. Aunque esta vertiente es más simbólica que esotérica en sentido estricto, comparte la idea central de un recorrido iniciático interno a través de las imágenes universales de los arcanos.
El tarot iniciático a finales del siglo XX
A partir de las últimas décadas del siglo XX, investigadores académicos han examinado la historia y el uso cultural del tarot con mayor rigor. Por un lado, historiadores como Michael Dummett, Ronald Decker y Thierry Depaulis emprendieron un estudio crítico de las cartas y las teorías ocultistas. En A Wicked Pack of Cards: The Origins of the Occult Tarot (1996) y A History of the Occult Tarot (2002), estos autores documentaron cómo desde Court de Gébelin hasta 1970 se construyó la faceta ocultista del tarot, desenmarañando hechos de mitos. Su trabajo demostró que el tarot como mazo nació en la Italia renacentista para un juego de naipes, sin vínculos conocidos con Egipto ni con iniciaciones secretas. Sin embargo, también reconocieron la influencia cultural de las interpretaciones esotéricas. Dummett, filósofo y cartofilólogo, a veces ridiculizó las especulaciones de Lévi o Papus, lo que provocó un distanciamiento entre los historiadores mas escépticos y los practicantes esotéricos. Afortunadamente, otros autores como Ronald Decker buscaron tender puentes: Decker combinó el respeto por los hechos históricos con la exploración de posibles conexiones herméticas y cabalísticas reales del tarot, culminando en obras como The Esoteric Tarot: Ancient Sources Rediscovered (2013).
Por otro lado, académicos de ciencias sociales y humanidades han estudiado el tarot como fenómeno cultural y simbólico. La historiadora Helen Farley, por ejemplo, publicó A Cultural History of Tarot: From Entertainment to Esotericism (2009), donde traza la transformación del tarot «de entretenimiento a esoterismo», documentando sus variados roles culturales a lo largo de seis siglos. Farley examina cómo el tarot pasó de ser un pasatiempo de la corte renacentista, a un objeto de temor religioso, y finalmente a una herramienta central en el ocultismo, el arte y la literatura modernista (por ejemplo, influenciando a poetas como T. S. Eliot) y en las nuevas corrientes de espiritualidad.
Estudiosas como Christine Ferguson o Camilla Saunders han analizado cómo las personas construyen significado e identidad a través de las lecturas de tarot, y cómo ésta práctica actúa casi como un ritual terapéutico en ausencia de religiones tradicionales. De hecho, en la Enciclopedia Británica se menciona que el tarot es una de las prácticas ocultas integradas en el movimiento New Age (no confundir con el propio concepto derivado de la teosofía) junto con la astrología y la meditación, subrayando su relevancia en las diferentes formas de espiritualidad alternativa actual.
Asimismo, se puede destacar una obra singular desde el ámbito religioso-esotérico con reconocimiento académico: Meditations on the Tarot: A Journey into Christian Hermeticism (original en francés, 1961, atribuido a Valentin Tomberg). Este libro aborda cada arcano mayor como meditación espiritual cristiana, fusionando hermetismo y cristianismo. El historiador del esoterismo Antoine Faivre señaló que, por su profundidad de contenido y recepción, esta obra «debe situarse entre los libros más importantes del esoterismo occidental publicados en el siglo XX». Es un ejemplo de cómo el tarot iniciático ha trascendido los límites del ocultismo decimonónico para dialogar con la teología, la filosofía y la literatura contemporánea.
En las últimas décadas, la expansión masiva de la información y el interés por el esoterismo han dado lugar a un sinfín de publicaciones sobre tarot iniciático. Autores modernos han retomado el estudio simbólico del tarot de Marsella. También han proliferado cursos de tarot, escuelas y mazos denominados «iniciáticos» que actualizan el simbolismo tradicional: por ejemplo, The Hermetic Tarot (Godfrey Downson, 1977), que intentan adaptar el arcano a sensibilidades modernas manteniendo su vocación transformadora. Aunque la calidad y seriedad de estas obras varía, su existencia apunta a la perdurable fascinación que ejerce el tarot como camino de transformación interior.
Conclusión final sobre el tarot iniciático
La visión del Tarot como vía iniciática ha generado un vasto corpus de fuentes que abarcan lo académico, lo esotérico y lo simbólico-ritual. Desde las especulaciones ilustradas de Court de Gébelin hasta los tratados ocultistas de Lévi, Papus y Wirth, se fue configurando la idea de que el tarot encierra un itinerario espiritual codificado en imágenes. Este itinerario, paralelo en muchos sentidos a los rituales de iniciación de fraternidades como la Masonería o a los senderos de la Cábala, convierte al tarot en algo más que un juego o un método de adivinación: lo presenta como un maestro silencioso que acompaña al buscador en su camino hacia el autoconocimiento y la sabiduría.
En el siglo XX y XXI, esta concepción iniciática del tarot no solo se ha preservado, sino que ha sido objeto de reevaluación crítica y difusión cultural. Por un lado, la investigación histórica rigurosa ha aclarado los orígenes reales del tarot y matizado las atribuciones míticas, ayudándonos a distinguir la historia documentada de la «leyenda ocultista». Por otro lado, el interés antropológico y psicológico muestra cómo el tarot sigue siendo relevante como herramienta de significado en la vida de muchas personas, adaptándose a contextos actuales (terapéuticos, artísticos, etc.) sin perder su aura simbólica.
En definitiva, el Tarot Iniciático se erige en la intersección entre la tradición y la reinvención: es a la vez un legado de símbolos antiguos transmitidos en arcanos –un «lenguaje mágico universal» según sus adeptos– y un fenómeno cultural vivo que sigue inspirando a místicos, historiadores, antropólogos y practicantes por igual. Explorar sus fuentes y autores clave nos deja ver no solo la evolución de un mazo de cartas, sino un espejo de la búsqueda humana de conocimiento de sí mismo y del universo, cifrada en 78 puertas ilustradas que invitan al iniciado a cruzar su umbral.
Referencias (selección citada)
- Antoine Court de Gébelin. Le Monde Primitif, vol. VIII, 1781. (Ensayo donde se propone el origen egipcio del tarot).
- Jean-Baptiste Alliette (Etteilla). Manière de se récréer avec le jeu de cartes nommées tarots, 1783-1785. (Primer manual de cartomancia con el tarot).
- Éliphas Lévi. Dogme et Rituel de la Haute Magie, 1854-56; La Clef des Grands Mystères, 1861. (Textos fundacionales del ocultismo francés que integran el tarot con la Cábala y magia ceremonial).
- Gérard Encausse (Papus). Le Tarot des Bohémiens, 1889. (Exposición completa del tarot como “clave de las ciencias ocultas”, enlazando arcanos con esoterismo cabalístico y masónico).
- Oswald Wirth. Le Tarot des Imagiers du Moyen Âge, 1927. (Interpretación simbólica y masónica de los arcanos mayores; re-diseño de la baraja integrando símbolos hermético-astrológicos).
- Arthur E. Waite. The Pictorial Key to the Tarot, 1910. (Guía seminal en inglés sobre la interpretación mística del tarot, acompañando la baraja Rider-Waite).
- Aleister Crowley. The Book of Thoth, 1944. (Tratado sobre el tarot de Thoth, con fuerte énfasis en Cábala, alquimia y simbolismo egipcio desde la perspectiva Thelema).
- Michael Dummett, Ronald Decker, Thierry Depaulis. A Wicked Pack of Cards, 1996 & A History of the Occult Tarot, 2002. (Estudios históricos académicos que rastrean el desarrollo del tarot ocultista desde 1781 hasta el siglo XX).
- Helen Farley. A Cultural History of Tarot: From Entertainment to Esotericism, 2009. (Investigación académica sobre el impacto cultural e histórico del tarot).
- Inna Semetsky. Re-Symbolization of the Self: Human Development and Tarot Hermeneutic, 2011. (Análisis desde la educación y psicología sobre el tarot como instrumento simbólico de autodesarrollo).
- Valentin Tomberg (anónimo). Meditations on the Tarot: A Journey into Christian Hermeticism, trad. inglés 1985. (Serie de cartas/ensayos contemplativos sobre cada arcano mayor, destacada por su sincretismo cristiano-esotérico).